Sinopsis: Chernóbil, 1986. «Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto.» Esto fue lo último que un joven bombero dijo a su esposa antes de acudir al lugar de la explosión. No regresó. Y en cierto modo, ya no volvió a verle, pues en el hospital su marido dejó de ser su marido. Todavía hoy ella se pregunta si su historia trata sobre el amor o la muerte.

Voces de Chernóbil está planteado como si fuera una tragedia griega, con coros y unos héroes marcados por un destino fatal, cuyas voces fueron silenciadas durante muchos años por una polis representada aquí por la antigua URSS. Pero, a diferencia de una tragedia griega, no hubo posibilidad de catarsis.

«[…] por su escritura polifónica, que es un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo.», palabras del Jurado de la Academia Sueca al otorgar a la autora el Premio Nobel de Literatura 2015.

Chernobyl es parecido a un capítulo olvidado de la historia del siglo XX. Indagar en lo ocurrido aquel fatídico día 26 de abril de 1986, cuando la central tras una falla en el reactor 4 el cual explotó, causando una radiación con consecuencias sin precedentes. Significa traer a colación políticas del final de la Guerra Fría, cuando todo era válido, sin importar cuántas vidas humanas se cobrarán. Sin embargo, Svletana Alexiévich se animó a contarnos esta historia en Voces de Chernobyl.

A veces, el Premio Nobel de Literatura nos permite descubrir autores desconocidos  –quizás por falta de traducciones- que cuentan heridas que no han cerrado y que no deberían olvidarse por aquellas personas que fueron víctimas de malas decisiones, de políticas y del silencio conjunto del mundo.

La autora contactó a las personas que sufrieron las consecuencias de esa explosión que devastó una ciudad y la dejó convertida en un pueblo fantasma que, aún hoy se mantiene como un sitio tétrico que continúa contaminada por la radiación. Los testimonios abarcan todo tipo de sufrimientos, desde muertes inmediatas hasta prolongadas, problemas de salud a montones y ese sentimiento de tristeza que deja cada una de sus palabras ante la negación de un gobierno de aceptar que callar no es la mejor opción cuando se trata de salvar vidas.

Hoy en día, Chernobyl no es mencionada a menudo, a pesar de la devastación que causó a largo plazo. Alexiévich quizás no escribió directamente la historia, sino que se tomó el tiempo de recopilar y creó un testimonio conjunto de algo que parece estar destinado a ser olvidado. Pero cada uno de esos recuerdos de los afectados durante los días posteriores parecen leerse como una novela, porque realmente uno quisiera que esa tragedia no hubiese sucedido, que las vidas hubiesen sido sin prioridad y no la imagen de un país.

Más libros de la autora han sido traducidos al español pero Voces de Chernobyl quizás es el que mejor la presenta.

 

Rose A.

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