“El libro digital no se hizo para una millenial de alma vieja”

“El libro digital no se hizo para una millenial de alma vieja”

Por: María Cristina Quintero Fernández.

 

Inevitablemente me siento una traidora de mi generación de nativos digitales, de una generación que maneja la tecnología por instinto y que constantemente se inconforma con su alrededor para acelerar cada vez más el paso con el que la tecnología evoluciona.

 

Estoy de acuerdo con la velocidad con la que la era digital se impone en cada aspecto de nuestra vida para simplificarlo, excepto cuando se trata de uno en específico, y es que leer un libro es una experiencia intelectual y emocionalmente compleja que considero yo no está diseñada para ser simplificada.

 

Los libros digitales o e-books se han vuelto particularmente populares en los últimos diez años, y es una industria que seguirá creciendo en los años por venir, pero no estoy segura que en algún momento vayan a reemplazar la experiencia tan pura que representa leer un libro impreso.

 

Haciendo una comparación objetiva, es innegable que los libros digitales seducen fácilmente por su accesibilidad, además de tener un costo de producción más bajo que el de un libro impreso. Ofrecen una experiencia tecnológica práctica, y las posibilidades siguen aumentando a medida que evoluciona la tecnología; puedes subrayar y hasta marcar la página para continuar leyendo después.

 

Pero si eres como yo, sabes que leer no está diseñado para ser práctico, es más una experiencia que te lleva a un estado mental paralelo donde no existe nada más que tú, el pasar de las páginas, y el singular olor del trío perfecto de papel, pegamento y tinta que deja en el olfato esa combinación de notas de madera, químico y hierbas. La tecnología rompe esa sensación y la experiencia deja de ser sencillamente pura y hermosa, para convertirse en una sensación ordinariamente abrumadora porque en general la tecnología no tiene esa capacidad de darte la seguridad y la paz que traen las páginas impresas de un libro; no te conecta con el contenido al mismo nivel que lo hace un ejemplar que puedes sentir entre tus manos.


Más allá de las entrañas de una obra, sé que para mí la tecnología envenena mi proceso; es por eso que, a la hora de leer un libro, mi ipad nunca se comparará con mi sillón, mi taza de café negro y mi espiritualmente orgánico y clásico ejemplar impreso.

Artículo anterior Sabotaje ¿Culmina la saga de Pérez Reverte?
Próximo artículo Sagas - Una gran adicción